¿Porqué la atracción a la comida que nos hace daño?

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En ocasiones las dietas restrictivas pueden llevarnos indefectiblemente a realizar un atracón. El nivel energía es bajo, el hambre nos vence y el cerebro utiliza todo su arsenal químico para obligarnos a realizar una gran comida.

Idealmente esta gran comida formará parte de un plan nutricional estructurado, de una realimentación o comida trampa planificada. Pero muchas veces sucede espontáneamente como consecuencia de una dieta poco inteligente y demasiado restrictiva, ante la que nuestro cuerpo y sus ancestrales sistemas de supervivencia se rebelan forzándonos a buscar alimentos altamente calóricos.

Durante una dieta hipocalórica estricta habrás advertido como tu rendimiento disminuye y los niveles de energía se reducen. Los músculos tardan más tiempo en recuperarse y lo que antes era rutina se transforma en un reto.

Llegado cierto punto nuestro cuerpo necesitará una comida libre para eliminar algunas de las adaptaciones hormonales negativasvinculadas a los niveles de leptina, y habitualmente nos servimos para ello de la más poderosa herramienta para ganar calorías: la comida basura.

A veces es posible ingerir más de 2000 calorías en una sola comida, en la forma de una pizza de tamaño familiar rebosante de ingredientes o de comida rápida comparable (hamburguesas, buffet chino, etc.). En condiciones normales con 3 o 4 triángulos de la pizza nos habríamos saciado, sin embargo ahora podemos terminar la pizza familiar en una sola sentada sin sentirnos indispuestos ¿Cómo es esto posible?

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EL MECANISMO

La energía juega un papel crítico para la supervivencia y la reproducción, la regulación de la energía corporal por parte del cerebro es muy compleja pero puede dividirse en dos sistemas (1):

  • Un sistema que regula la ingesta entre dos comidas. Es el sistema de saciedad y se ubica principalmente en el tronco encefálico (particularmente en el tractus solitarius).
  • Un sistema que regula directamente los niveles de grasa corporal. Este es el sistema de energía homeostático, radicado principalmente en el hipotálamo.

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El sistema homeostático mide el tamaño de tus reservas grasas, fundamentalmente mediante la hormona leptina. Si tus reservas grasas se reducen el sistema actúa para tratar de recuperar la grasa perdida (es la clave por la cual perder peso es tan difícil y a veces desmoralizante). Lo hace reduciendo la cantidad de energía que tu cuerpo gasta, pero sobre todo incrementando el apetito y el ansia por la comida. Potencia particularmente la avidez por alimentos densos en calorías como la pizza, que son muy efectivos incrementando las reservas corporales.

El sistema de saciedad recibe diversas señales de tu estómago e intestino delgado que le informan de lo que has comido. Entonces el cerebro conoce la cantidad ingerida y su densidad calórica, así como su contenido en grasa, proteína y carbohidratos. Integra estas señales y reduce gradualmente tu motivación para tomar un nuevo bocado. Esto se acompaña de la sensación de hartazgo.

Estos dos sistemas interactúan extensamente el uno con el otro. Probablemente la forma más importante en que interactúan es cuando el sistema energético homeostático determina el grado de activación del sistema de saciedad. En otras palabras, si tus reservas grasas se agotan tu sistema homeostático indicará a tu sistema de saciedad que sea menos sensible hacia las señales que reciba del tracto digestivo. Esto significa que necesitarás más comida para sentirte lleno, a veces mucha, mucha más.

Y esto es exactamente lo que sucede cuando engulles esa pizza. Tus reservas grasas han mermado y tu sistema homeostático lo sabe. Envía una señal a tu sistema de saciedad indicándole que retrase la señal de saciedad para que puedas atiborrarte y consumar tu orgía calórica. Y hace que la comida basura, muy densa en calorías, te seduzca especialmente.

Después de una gran comida puedes sentir que tu estómago está lleno, pero en realidad no lo está. El estómago humano posee una notable capacidad para estirarse y acomodar enormes cantidades de comida. La sensación de que tu estómago está a punto de romperse no procede de tu estómago, sino de tu cerebro. Es una señal altamente procesada que tu cerebro produce al interpretar las señales de tu estómago en el contexto de tus reservas energéticas actuales.

El cerebro humano se siente atraído naturalmente hacia los alimentos que proporcionan grandes concentraciones de calorías fácilmente digeribles. Esto se debe a que dichos tipos de alimentos mantuvieron vivos a nuestros ancestros durante millones de años en circunstancias muy duras.

Pero la misma capacidad que nos permite adquirir calorías de manera tan efectiva se convierte en un problema cuando se exagera de manera artificial por la moderna industria alimentaria, que ofrece alimentos siempre disponibles, y en el contexto de una población cuyo estilo de vida es sedentario. Nuestra tecnología alimentaria y nuestros estilos de vida han evolucionado, pero los circuitos mentales que regulan nuestro apetito y preferencias por la comida, no.

Y es por eso que debes limitar las comidas libres de esta clase, e integrarlas dentro de una estrategia nutricional coherente, en especial si tu objetivo es permanecer magro.

MORALEJA

  • Tu cuerpo no desea que luzcas abdominales, sino que tengas reservas energéticas. Y se rebelará contra tí si pierdes demasiado peso, alterando tu química cerebral para que estés ávido de alimentos calóricos.
  • Hacer dieta para estar magro significa estar hambriento, y la capacidad de ingerir cantidades superiores a las habituales antes de alcanzar la saciedad. Por ello puede suceder que sigas la dieta durante el día pero te comas una caja entera de galletas por la noche. Este inconveniente se puede paliar planificando refeeds o comidas trampa.
  • El cerebro está programado para obligarte a comer cuando percibe un prolongado estado de inanición. Alcanzar porcentajes grasos bajos depende de un plan nutricional y deportivo inteligentes y de una voluntad resuelta.
  • La batalla principal se libra en la mente. Las tentaciones de nuestro mundo hedonista donde a falta de alicientes superiores la comida se convierte en consuelo central, suponen un desafío constante. Solamente la pulsión sexual resulta comparable al instinto de alimentarse, y a la forma en la que reduce toda nuestra realidad a la satisfacción de un único deseo. Imagina que te dijeran que debes permanecer tres o más meses sin sexo de ninguna clase.
  • La dieta estricta es comparable a un celibato. Por ello es preciso servirse de protocolos lógicos y equilibrados que permitan una buena relación entre el placer y la abstinencia. Guarda la pizza para el fin de semana y haz el amor todos los días.

Autor: José E. «Platón»

 Fuente: Fisiomorfosis.com