Los testosterona Booster

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Los precursores de testosterona tienen efectos benéficos y perjudiciales según la persona que decida consumirlos. No voy a decir que en general son malos ni tampoco que son buenos porque éso sería estandarizar a todo el mundo, cuando es obvio que todos somos diferentes, reaccionamos de manera distinta a lo que consumamos, y por supuesto las recomendaciones médicas van a variar de una persona a otra. Lo anterior aplica para aquellas personas, en su gran mayoría hombres, que tienen bajos niveles de testosterona por distintas razones (genética, estrés, patologías relacionadas con el sistema endocrino, etc.), por lo cual los médicos endocrinos recomiendan la inyección de esteroides anabólicos artificiales (testosterona producida en laboratorios), o el consumo de algunos suplementos que pueden ayudar a que los niveles de testosterona aumenten. Pero claro está, todo bajo prescripción médica previo a una adecuada evaluación.

¿Por qué las personas sanas no deberían consumir precursores de testosterona? Muchas personas, hombres y mujeres, optan por consumir precursores de testosterona por medio de suplementos en polvo, y otros ya consumen la testosterona que fue producida en laboratorios (esteroides anabólicos artificiales). Pero aquí en este artículo sólo mencionaré los suplementos por vía oral (en polvo, pastas, cápsulas) conocidos como precursores de testosterona, sus efectos negativos y positivos, quiénes podrían tomarlos (ya mencionado en el párrafo anterior: personas con “problemas” patológicos) y quienes no deberían consumirlos. Mencionaré los efectos generales que el consumo de estos precursores pueden generar, y luego explicaré qué tan benéficos o perjudiciales pueden llegar a ser estos efectos para que cada quien saque sus propias conclusiones:

1. Se incrementará el volumen muscular esquelético (aumento de masa muscular). Cabe aclarar que para que ésto suceda es estrictamente necesaria la estimulación de las fibras musculares esqueléticas de contracción rápida por medio de los entrenamientos de alta intensidad, principalmente aquellos que involucran el movimiento o levantamiento de cargas o resistencias externas. La testosterona influye en la hipertrofia, bien sea sarcoplasmática o miofibrilar, que no es más que el aumento o ensanchamiento del sarcoplasma o de las miofibrillas que componen cada fibra muscular esquelética, respectivamente. Este es un efecto benéfico, pero que lamentablemente va de la mano de otros efectos que pueden considerarse negativos como lo es el siguiente.

2. Eritropoyesis exagerada (aumento anormal de eritrocitos). Si una persona normal o sana, es decir que no tenga problemas en su sistema endocrino y que no sufra de anemia, llegase a consumir precursores de testosterona, aumentará claramente su nivel en la sangre de esta hormona anabólica, pero también aumentará considerablemente la producción de eritropoyetina, misma que estimulada cuando hay niveles altos de testosterona, y como se consumió un precursor de la misma, más testosterona habrá y por ende más eritropoyetina será producida, misma que actúa en la Eritropoyesis. Tal vez muchos pensarán que tener una mayor cantidad de glóbulos rojos será mejor, pero lamentablemente están equivocados, ya que ésto alteraría la presión arterial debido a que el plasma sanguíneo tendrá que transportar una mayor cantidad de eritrocitos, mismos que a su vez ejercen una mayor presión sobre las paredes arteriales por el aumento en el volumen y a la vez por el aumento en la viscosidad de la sangre, volviéndola un poco más “lenta” en su tránsito.

3. ¿Aumenta la lipólisis (“quema” de grasa”)? Usualmente se relaciona al aumento de testosterona con una “quema” de grasa más eficiente, pero ésto no es del todo cierto, o en otras palabras: la testosterona no influye de manera directa en la lipólisis. Lo que se ocasiona es que la testosterona al promover la hipertrofia de las fibras musculares esqueléticas, principalmente las de contracción rápida (tipo IIA y B), se aumenta la tasa metabólica basal, es decir que en estado de reposo y cuando la persona se ejercita, sus células tenderán a consumir una mayor cantidad de ácidos grasos y glicerol (componentes de las grasas de reserva o triglicéridos) para poder estar en óptimas condiciones, por lo cual se puede decir que aumenta la lipólisis o comúnmente conocida como “quema” de grasa. (No es que la grasa sea “quemada”, sino que ésta “desaparece” actuando en los procesos bioquímicos de resíntesis de ATP para generar energía). Aunque este efecto sea positivo, no se puede dejar de lado el negativo del párrafo anterior.

4. Aumento en la capacidad de almacenamiento de aminoácidos (que forman las proteínas), glucógeno intramuscular y de fosfocreatina. Si hay una hipertrofia producto del consumo de precursores de testosterona, también habrá una mayor cantidad de los sustratos energéticos mencionados. La fosfocreatina aporta una gran cantidad de energía para unas contracciones musculares “bestiales”, pero lamentablemente su duración es de 10-15 segundos, hasta que pase un tiempo prudencial (3-6 minutos) para su resíntesis. El glucógeno intramuscular actúa en el mecanismo energético lactacidémico, generando como producto el ácido láctico. Los aminoácidos podrían funcionar como sustratos energéticos, siendo convertidos en glucosa, una vez los reservorios de fosfocreatina y glucógeno intramuscular se terminen o bajen sus niveles considerablemente. Este es un efecto muy positivo al aumentar las reservas de los nutrientes y a la vez sustratos ya mencionados, pero no hay que olvidar el mencionado en el punto número 2 y del que voy a hablar en el siguiente.

5. Aumento de granos en la cara y otras partes del cuerpo (no acné, ya que éste es algo de tipo dermatológico) Es muy probable que el aumento o proliferación de las glándulas sebáceas se vea influenciado por el aumento de la hormona testosterona, por el simple hecho de que esta necesita del colesterol para poderse generar, y aunque el colesterol no sea un lípido, el hígado deberá generar una mayor cantidad de lipoproteínas tanto de baja densidad (LDL) como de alta densidad (HDL) para su transporte desde el hígado hacia fuera de éste, y desde las arterias hasta su “desecho”, lo cual puede ocasionar que una de estas salidas sea por medio de la piel a través de las glándulas sebáceas. Ustedes se preguntarán ¿por qué hay hombres con niveles de testosterona altos que no generan esta cantidad de granos? Precisamente porque es su sistema endocrino el que sabe qué tanta testosterona producir, pero cuando esta persona decida además consumir algo que le ordene una mayor producción de testosterona, es cuando se pueden producir éste y otros efectos mencionados.

6. Deshidratación “extrema” y un mayor riesgo de sufrir hipertensión. Este punto va muy relacionado con el número 2. Hay que agregar que el agua, por medio de la hidrólisis, participa casi que en todos los procesos bioquímicos de nuestro organismo, entre ellos la síntesis o producción de hormonas y su desecho una vez cumplen su función. También, al aumentar la síntesis de aminoácidos, producto del aumento exagerado de testosterona, aumenta el uso de agua para desaminar estos aminoácidos y poder enviarlos a donde se requiera. Entonces, a menor cantidad de agua en el plasma sanguíneo y mayor cantidad de glóbulos rojos, mayor riesgo de sufrir tensión arterial alta y padecer hipertensión. Sumado que durante el ejercicio físico intenso de por sí ya se aumenta la tensión arterial.

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