Como mantener el enfoque

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1. Agotarse y desanimarse es algo normal, pero es algo que puedes superar.
No eres un ser todo-poderoso que nunca se cansa, que siempre termina lo que empieza y que siempre está dispuesto a liberar toda su energía durante todo el día en cualquier cosa que hace. Sé honesto contigo mismo. Si nunca has hecho ejercicio, costará montones empezar y mantenerse. Inclusive, si ya tienes algo de experiencia, sabes que no es fácil seguir adelante con la misma energía todos los días.
El mensaje es: no te alarmes, es normal que quieras desistir y que pierdas los ánimos. No te sientas mal si sientes que estás perdiendo motivación y que nunca podrás obtener los resultados que esperas con tu plan de ejercicios.
Entonces, ¿qué debes hacer? 

a) Acepta tu vulnerabilidad.
 Hazla parte de ti y de tus ejercicios. Si sientes que debes descansar un poco más, hazlo. Si sientes que debes bajar la intensidad, hazlo también. Haz las modificaciones que sean necesarias (¡pero no te pases, no seas demasiado flojo!).

b) No diseñes una rutina de ejercicios a diario
 y menos si estás comenzando. Con el tiempo podrás hacer ejercicio todos los días, pero no te apresures, todo a su tiempo.
c) El ejercicio debe exigirte, pero no de manera excesiva. Al principio, elije un entrenamiento de baja intensidad y nunca de más de una hora de duración.
d) No hagas ejercicio con la misma intensidad todos los días. Como mínimo contempla un día de descanso, un día de estiramiento y un día de ejercicio de baja intensidad cada semana.
e) Los resultados no se obtienen solamente con trabajo duro, sino trabajo constante y enfocado. Los diversos estudios en psicología de la actividad física y el ejercicio estipulan que obtendrás resultados mientras hagas ejercicio mínimo tres o cuatro días a la semana (repartidos de manera uniforme en la semana; es decir, sin pasar más de dos días sin hacer ejercicio) y seis horas (repartidas uniformemente en estos días) de intensidad moderada o alta. Así que no todo es intensidad, es también persistencia y trabajo inteligente.
En general, cuando tienes un propósito y debes perseverar mucho para cumplirlo, comienza suave, sin afanes y sin trabajo duro y obsesivo. Eso vendrá luego.

2. Tu primera meta no puede ser verte bien desnudo o perder peso.
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Esto es algo que muchas personas no suelen entender acerca del ejercicio. Analicemos un poco el asunto: es una actividad nueva, es difícil de hacer y no estás acostumbrado (nadie puede acostumbrarse de inmediato a algo nuevo y difícil). Entonces es imposible que sea una prioridad para ti.
Igualmente, es imposible que estés motivado y dispuesto a hacerlo con cierta frecuencia. Por esta razón, tu primera meta no serán los beneficios que obtienes cuando haces ejercicio de manera constante. Esa es la segunda meta, la meta que alcanzarás una vez que hayas alcanzado la primera meta. Tiene bastante lógica ¿no?
La primera meta es acostumbrarte al ejercicio. Eso es lo único que debes tener en mente.
La idea es formar un hábito, y eso es algo que se consigue progresivamente. No pienses en los resultados los primeros meses, piensa en el hecho de que debes acostumbrar tu mente y tu cuerpo a una nueva forma de desempeñarse. Sé paciente y no esperes que después de un par de semanas tengas el cuerpo de un modelo de revista.
La primera prueba que debes superar al hacer ejercicio es la prueba del tiempo. No pienses en los músculos que debes desarrollar ni en los kilos que debes rebajar, eso vendrá después. Deja que te lo diga otra vez: El único enfoque de tu mente durante los primeros meses de ejercicio será el propósito de forjar el hábito de hacer ejercicio. Una meta a la vez.
La idea no es que mueras intentando ponerte en forma. No querrás flagelarte psicológica y físicamente la primera semana para luego pasar ocho días sin hacer ejercicio.
En general, en cualquier cosa en la que necesites persistencia, tu primer objetivo siempre va a ser la construcción del hábito que te permitirá conseguir aquello que deseas.

3. Sé positivo. Si perseveras, las recompensas se verán materializadas. 

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Una de las claves más sencillas pero efectivas para perseverar es ser positivo. Enfoca tu mente en las cosas buenas, piensa en que las cosas saldrán como deseas. No uses palabras negativas y no seas un ave de mal agüero contigo mismo. Cree que lo mejor es lo que va a suceder.
Hacer ejercicio físico es también un ejercicio mental. Evita frases como “No puedo perder peso”, “jamás voy a bajar estos 15 kilos”, “estoy muy gordo”.
No se trata tampoco de ser un idealista y decir cosas como “voy a perder 10 kilos esta semana (o este mes)”. Es necesario concentrar nuestra mente en metas razonables para que nuestro optimismo no se vea decepcionado a cada momento.
Ser positivo es algo muy importante, así que será algo transversal a nuestro tema sobre el ejercicio; y en general, a todos los temas. La clave de todo proceso de transformación personal es la actitud positiva.

4. Comparte tus metas (con las personas adecuadas).

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Entusiásmate por tus sueños respecto al ejercicio y busca personas que tengan una determinación similar. Acércate a las personas que te parecen más dedicadas en el gimnasio o el parque y hazles preguntas acerca de su constancia. Busca grupos y comunidades en las redes sociales y trata de hablar del tema con personas que estén en la misma onda que tú. No te desgastes conversando con gente que no está interesada porque no saben lo que es hacer ejercicio.
Involucra en cierta medida a tu familia, a tus amigos y a tu pareja. Hazles saber que deseas encontrar apoyo en ellos pero que no quieres que te vigilen o te supervisen.
Si esto no funciona (en muchos casos es así), te recomiendo evitar a toda costa las presiones familiares y sociales. La presión no es un gran motivador y con frecuencia las personas que no hacen ejercicio no saben esto. Si tu familia y las personas cercanas no saben motivarte, que no te estorben en tu camino.

En general, trata siempre de buscar personas afines a tu proceso de transformación. Por ejemplo, si quieres vencer la timidez, una persona extrovertida por naturaleza servirá de poco apoyo, porque jamás ha tenido las dificultades que tiene una persona tímida.

En la siguiente oportunidad te ofreceré algunas reflexiones sobre la disciplina, y luego continuaré con el tema de la motivación para hacer ejercicio.